Capítulo 3. El boceto

Autor: Carmen Bernárdez

Es un cuadro pequeño pintado al óleo sobre tabla o lienzo, en el que se plasma de forma no detallada la composición que se piensa realizar a gran tamaño. También hay bocetos escultóricos en barro, yeso o cera. El boceto, también llamado «modelo» tenía varias funciones. Servía, como por ejemplo, para enseñar al cliente lo que iba a ser el cuadro final y que éste pudiese aprobarlo, rechazarlo o solicitar cambios antes de comenzar la obra definitiva. También servía para mostrar la idea de la composición, el colorido y las luces y sombras a los ayudantes de taller que iban a participar en el encargo. Cuando una iglesia, comunidad o gran señor encargaban una obra importante, era necesario que el artista elegido presentase un pequeño cuadro para mostrar la manera en que concebía el tema. La obra definitiva sólo empezaba cuando el boceto había sido aceptado y se había suscrito el oportuno contrato donde constaban los requerimientos del cliente. Ya en el siglo XIX, el boceto se convirtió en parte fundamental de los ejercicios académicos para optar a los mayores premios y becas.  El principal rasgo del boceto es su inmediatez y frescura, buscando efectos de conjunto y no detalles de acabado. En él, el pintor muestra toda su energía y habilidad, así como la fuerza de su imaginación.

Peter Paul Rubens, La ceguera de Sansón, 1609 – 1610, óleo sobre madera de roble, 37,5 x 58,5 cm

Giambattista Tiepolo, La muerte de Sofonisba, c. 1755 – 1760, óleo sobre lienzo, 48,4 x 37,4 cm

Estas dos obras son cuadros de pequeño tamaño, y casi siglo y medio los separan. La ceguera de Sansón representa una escena de gran confusión en la que Sansón, traicionado por Dalila, es capturado y cegado por los filisteos. La muerte de Sofonisba de Tiepolo muestra a la reina cartaginesa en su palacio rodeada de sirvientes, a punto de desvanecerse tras ingerir veneno para evitar caer prisionera de sus enemigos romanos. Rubens (1577-1640) es uno de los grandes pintores flamencos del Barroco. Su pintura se caracteriza por la exuberancia de sus formas, creando composiciones muy dinámicas, pletóricas figuras y rico colorido, de gran sensualidad. El veneciano Tiepolo (1696-1770) destacó sobre todo como pintor de grandes frescos decorativos. Trabajaba con rapidez, creando efectos de perspectiva con una gama de colores muy luminosa.

Bocetos como estos dos servían para expresar y enseñar la idea que tenía el artista antes de empezar a realizar una obra definitiva. Si al cliente que se la encargaba no le parecía bien, lo rechazaba y entonces el artista hacía otra composición sobre otro pequeño lienzo o tabla, y solo cuando era aprobado daba comienzo la obra. También servían como guía para los ayudantes del maestro cuando éste delegaba en ellos la realización de la obra definitiva o de parte de ella. Entre estos dos bocetos existen diferencias bastante claras, sobre todo por la manera de pintar. Un boceto no suele ser nunca una pintura muy detallada, porque lo que ofrece es una impresión general de las formas, las figuras, los colores y las sombras. Sin embargo, hay muchos tipos de acabados posibles. Por ejemplo, el de Rubens está mucho menos definido que el de Tiepolo. La composición de Rubens presenta figuras amontonadas, inacabadas, de las cuales destacan los desnudos más elaborados de Sansón y Dalila. En cambio, Tiepolo perfila mucho más sus figuras y el fondo palaciego en el que están. Se perciben líneas que dibujan las formas, y los colores son variados: rojos, amarillos, azules y blancos. Rubens trabaja solo con marrones, blancos y ocres, y no perfila ni dibuja las formas porque lo que le interesa es, mediante manchas, dar una impresión de figuras en movimiento. Las de Tiepolo son mucho más estáticas, más acabadas, y sus colores son muy luminosos.

ACTIVIDADES

Observa estos dos cuadros. Ve a mirar el de Rubens, que fue pintado antes, y luego el de Tiepolo. ¿Cuál está más terminado y detallado? ¿Cuál te parece pintado con más rapidez? ¿Cuál te parece más claro y cuál más confuso?

Busca algún cuadro que por parecer inacabado pueda ser boceto o parecerlo. [Una pista: cerca del cuadro de Tiepolo que hemos visto hay uno de Giulio Carpioni que se titula Bacanal, y fue pintado entre 1660 y 1665. Fíjate que en todo el cuadro se ven muy bien las líneas rojas con las que el pintor ha dibujado su composición. En lugar de cubrirlas completamente con la pintura, ha dejado esos trazos muy visibles, como si no hubiese acabado de pintar.]

Busca otra pintura “abocetada”, es decir, con pinceladas sueltas y visibles, e incluso con algunas partes del fondo del cuadro sin cubrir. Ten en cuenta que lo abocetado en la pintura antigua nada tiene que ver con muchos cuadros del siglo veinte que parecen inacabados y pintados rápidamente. Para ver alguno y comparar, puedes ir a las salas de arte del siglo XX y buscar ejemplos más exagerados de pinturas que parecen sin terminar, con sus pinceladas sueltas y las cosas sin definir del todo.

¿Te gusta este tipo de pintura sin muchos detalles, o crees que una pintura debe estar completamente acabada?

¿Te parece que una mancha puede sugerir formas, o no es más que una mancha?

¿Has creído ver cosas curiosas en las formas de las nubes?

El pintor renacentista Leonardo da Vinci proponía el ejercicio de contemplar un muro lleno de manchas y desconchones e imaginar cosas. Hagámoslo.

Jean-Antoine Watteau, El descanso, c. 1709, óleo sobre lienzo, 32 x 42,5 cm

En este pequeño cuadro vemos a un grupo de soldados descansando junto a  tres mujeres. Al fondo hay un paisaje poco definido, carromatos con grandes fardos y algunos soldados junto a una marmita puesta al fuego. En el centro otros soldados conversan, beben y fuman. Delante hay dos damas vestidas ricamente y otra, más humilde, está sentada con su bebé a la espalda. Antoine Watteau (1684-1721) es uno de los principales artistas franceses del siglo XVIII. Destacó como pintor de escenas que se conocen como “fiestas galantes” que representan reuniones de personajes entretenidos en los juegos del amor, el teatro, la música y la serena ociosidad en parques y jardines frondosos. Pero El descanso no es eso: en lugar del cortejo amoroso prima aquí el visible cansancio de los soldados –algunos heridos- y de la población civil que, alejándose de las zonas en conflicto, hacen un alto en su camino.

Watteau hizo algunos cuadros como éste y grabados de temas de guerra cuando era joven, aunque nunca retrató batallas, sino escenas cotidianas que presentaban las consecuencias amargas de aquélla. El invierno de 1709 fue además durísimo en Francia, sumándose a la guerra el frío y el hambre, con un ejército desmoralizado y próximo a la insurrección. Aunque Watteau era un gran pintor, sin embargo mostró escaso interés por las técnicas pictóricas, queriendo siempre acelerar su forma de trabajar para lograr una pintura ágil, directa y fresca que transmitiera fielmente su gusto por la ligereza y delicadeza de formas. Pintaba con mucha rapidez, con colores muy cargados de aceite de linaza dando unas pinceladas menudas que definían figuras y paisajes con la delicadeza de la porcelana. Sorprende el brillo nacarado de las sedas de los vestidos, las texturas de los distintos tipos de vegetación y la calidad y eficacia del toque de su pincel. Watteau no empleaba un gran número de colores para pintar, su paleta era restringida. Lo que hacía era mezclar magistralmente sus colores en el lienzo y fundirlos mediante restregados enérgicos con su pincel bien embebido en aceite. Sin embargo, tanto aceite de linaza ha hecho que muchos de sus cuadros estén muy oscurecidos y hayan perdido la brillantez y luminosidad de sus colores originales.

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Boceto al óleo, La ceguera de Sansón, Peter Paul Rubens Peter Paul Rubens, La ceguera de Sansón, 1609 – 1610, óleo sobre madera de roble, 37,5 x 58,5 cm Boceto al óleo, La muerte de Sofonisba, Giambattista Tiepolo Giambattista Tiepolo, La muerte de Sofonisba, c. 1755 – 1760, óleo sobre lienzo, 48,4 x 37,4 cm Cuadro, El descanso, Jean Antoine Watteau Jean Antoine Watteau, El descanso, c. 1709, óleo sobre lienzo, 32 x 42,5 cm