Capítulo 6. Richard Estes

EL ESPACIO DILUIDO

Richard Estes, People´s Flowers (1971)

La obra de Estes se dio a conocer en el Milwaukee Art Center en 1969, en una exposición colectiva titulada "Aspectos del Nuevo Realismo" y está considerada, junto con la de Audrey Flack y la de Chuck Close como una respuesta al agotamiento del expresionismo abstracto, pues opone a la temática de éste un carácter netamente figurativo. Se ha denominado fotorrealismo a este tipo de pintura, por estar basada en la fotografía, aunque también se la ha considerado como superrealismo. Este movimiento se considera a su vez heredero en cierta medida del Pop Art, fundamentalmente por lo popular de su temática, cosa evidente en la obra de Estes. Sin embargo, el toque humorístico del Pop Art no aparece en las obras del superrealismo, como claramente vamos a comprobar en los cuadros de este artista.

Esta es la tercera parada que hacemos en la ciudad de Nueva York. Las dos anteriores fueron las vistas de John William Hill y de Georgia O´Keeffe (caps. III. 1 y IV. 1). Tres momentos históricos, tres miradas diferentes, tres vistas muy distintas. La mirada de Estes es una mirada pop, especialmente en el sentido de que los temas de sus cuadros son los que ofrece la vida cotidiana de la ciudad, ya sea Nueva York u otra, con sus automóviles y sus edificios y los anuncios en las fachadas y las señales de tráfico y sus gentes, aunque esto último más bien escasee.

Este cuadro, en particular, se podría considerar el más pop de todos los cuadros de Estes porque su propio título, originado como en tantos otros de sus cuadros por el nombre del edificio o del establecimiento que representa, es, sin duda, el más "popular" de todos los nombres posibles. Para que no quede la menor duda al respecto, existe un efecto de repetición, pues el nombre aparece en el rótulo superior de la tienda, debajo de éste en el volante del toldo y, aún por debajo de éste, en el rótulo luminoso tras el cristal del escaparate. Este último rótulo luminoso lo vemos una vez más, aunque al revés y duplicado por el reflejo, tras el cristal de la otra fachada, la que se aleja del observador. En este cuadro se representa la fachada de una floristería que ostenta el rótulo aludido en sus diferentes versiones. La tienda hace esquina y vemos una fachada de frente, es decir, paralela al plano del cuadro, mientras que la otra parece orientarse perpendicularmente a la anterior, igual que las fachadas de las casas que vemos a la izquierda del cuadro, ya que la esquina se produce por el encuentro de dos calles aparentemente perpendiculares entre sí. Si tapamos con la mano la visión de la zona del cuadro donde esté el escaparate con el letrero luminoso, se ve muy claramente esta posición relativa de unas y otras fachadas, pero las fachadas de cristal de la tienda hacen que la cosa se complique bastante. Por una parte, al ser transparente, la fachada frontal nos permite primero ver algo del interior de la tienda y después, al ser transparente también la fachada lateral, el otro escaparate nos deja ver además la prolongación de la calle que se aleja en profundidad. Esta es de dirección única. Nos lo indica la fila de coches aparcados. Pero, por otra parte, la fachada que vemos de frente actúa también como un espejo, reflejando lo que tiene enfrente, es decir, la calle que corre paralela a esta fachada con sus coches, unos circulando, otros aparcados, y parte de la fachada del otro lado de esa calle. Asimismo, el cristal del escaparate frontal refleja la calle perpendicular a ésta, con sus señales de tráfico y las fachadas de las casas que están enfrente de la floristería, fachadas que se ven en prolongación de las que en esa misma calle y en esa misma mano vemos directamente. Obsérvese la señal que dice One way (dirección única) reflejada especularmente y que corrobora lo que ya nos decían los coches.

En el cristal de la fachada lateral de la floristería vemos también reflejado el letrero con el título de la tienda que cuelga por dentro de dicho cristal, aunque el propio letrero nos impide ver del reflejo otra cosa que no sean las dos eses finales.

El resultado de esta superposición de imágenes es de tal ambigüedad que impide una interpretación clara, menos aún a primera vista, de la situación de cada elemento representado y de la posición relativa de unos con respecto a otros. Más aún, lo que provoca es una superposición de espacios e incluso una disolución de unos espacios en otros. Así, por ejemplo, el cielo con nubes, que podemos ver a través del letrero luminoso del escaparate frontal, está recortado a la izquierda por las fachadas de los edificios. No sabemos si corresponde a una vista del cielo real que la transparencia de los dos escaparates nos permite vislumbrar o si, por el contrario, se trata de lo que se vería al otro extremo de la calle, pero que vemos reflejado en el cristal de dicho escaparate. Sólo hay dos datos que nos permiten, después de una minuciosa inspección del cuadro, dilucidar si ese cielo es real o reflejado. Uno es que, si el cielo fuese real, el propio techo de la tienda lo recortaría por arriba con su línea de encuentro con la fachada lateral, cosa que no sucede. El otro dato es que el borde ondulado del volante del toldo se refleja en el cristal, reflejo pegado al borde superior de la carpintería metálica y que aparece en negro, ya que lo que vemos es la parte interior del volante totalmente en sombra. Ese reflejo recorta el cielo, lo que significa que se trata de un cielo reflejado. Por otra parte, si el cielo que vemos de ese reflejo del volante del toldo hacia abajo fuese el cielo real no podríamos ver el reflejo del volante, ya que la luminosidad de ese cielo real a través de los cristales eliminaría dicho reflejo. Por tanto, debemos concluir que se trata del cielo reflejado en el cristal de la fachada. De otro lado, lo que parecen nubes, esas formas algodonosas blancas sobre el color azul del cielo, no son tales, sino racimos de la floración de una planta que está en el interior de la floristería y de la que vemos otros racimos en distintas tonalidades de azul violáceo a ambos lados de las que vemos en blanco, pues lo oscuro del reflejo en esas zonas permite que la vista traspase el cristal. Es muy posible, sin embargo, que Estes haya jugado aquí a una mayor confusión, y haya acentuado el color blanco al comprobar que esos racimos podrían tomarse por nubes sobre el cielo reflejado.

Algo más podemos ver del interior, tanto a través del escaparate como de la puerta a la derecha. En ambos casos se pueden ver algunas plantas, como la que hemos citado de las floraciones en racimo, algunas de las cuales parecían nubes. Pero ¡cuidado! los árboles o arbustos recortados en forma de bola, que parecen estar dentro de la tienda, son en realidad el reflejo en los cristales de los que están en la calle. Esto se comprende fácilmente, aunque no a primera vista, si observamos que uno de ellos, pegado al margen derecho del cuadro, está tapado en parte por el reflejo de la furgoneta roja. Las otras dos bolas de verdor que se ven debajo del letrero luminoso frontal no parecen estar dentro de la tienda, pero, si fuesen reflejo, parecerían estar sobre el asfalto de la calle, con lo que permanece la duda sobre su ubicación real. Si observamos nuevamente el reflejo del volante del toldo anteriormente aludido, veremos que, igual que se recorta sobre el cielo desaparece en su parte izquierda, justo donde se ven unos tubos fluorescentes encendidos que cuelgan del techo de la floristería. Deduciremos de nuevo que el cielo representado es un reflejo. Igualmente hubiera desaparecido el reflejo en la zona del volante del toldo sobre el fondo del cielo de no haber sido éste un reflejo. A través de la puerta, a la derecha, podemos ver otras dos baterías de tubos fluorescentes encendidos.

Los reflejos no terminan aquí. Si nos fijamos bien, la superficie sobre la que se lee el letrero superior con el nombre de la tienda, que es el letrero más grande, es también un plano reflectante: en ella se pueden ver los coches que circulan por la calle paralela al cuadro, uno rojo en primer término y lo que seguramente son dos taxis -los yellow cabs típicos de Nueva York-detrás de aquél. Al estar este plano inclinado vemos los coches algo desde arriba. Las "aguas" que hacen las imágenes de estos coches indican que la superficie que las refleja no es totalmente plana, sino que tiene diversas curvaturas, cosa que no sucede, como es lógico, con los cristales de la fachada. Lo curioso es que los coches que se reflejan en esta superficie no se corresponden con los que se ven reflejados en el cristal del escaparate: los taxis amarillos y el coche rojo no se ven en el reflejo inferior [1]. Estes introduce, de manera subrepticia, otra realidad diferente. Otro espacio ilusorio se diluye así, en parte del supuesto espacio real representado.

Si subimos la vista más arriba, veremos que sobre la tienda asoman dos ventanas del edificio, en cuyos cristales se refleja el edificio de enfrente -que estaría detrás de nosotros-. En la de la izquierda se pueden ver los típicos sillares con que se rematan las esquinas y en la otra una parte de una chimenea y algunos huecos altos de la fachada. Estos reflejos hacen también "aguas", aunque no tantas como las del letrero.

Una cosa interesante de este cuadro es que no se ve una sola persona, ni siquiera reflejada en una superficie. No es que en la obra de Estes no aparezcan personas, que sí lo hacen alguna vez. Pero no parece que le interese en especial, simplemente son un ingrediente más en sus vistas urbanas. No aparecen en un primer plano y rara vez en un plano próximo, casi siempre se trata de presencias secundarias, ya sea porque son imágenes reflejadas, porque se las ve a través de cristales, o porque están situadas en términos muy alejados y, por tanto, se ven a un tamaño muy reducido. En el comentario que hace Álvarez Lopera sobre uno de los primeros cuadros que pintó Estes y que le dio gran fama, Cabinas telefónicas (1967) (Fig. IV.6.1), que también forma parte de las colecciones del Museo Thyssen-Bornemisza, se refiere a la ausencia de personas en la obra de Estes en los siguientes términos: "el hombre tiene muy poca cabida en sus pinturas y cuando aparece es tratado prácticamente como un elemento más del paisaje" [2].

Esta ausencia de la presencia humana -que es, por cierto, otro punto de contacto con la obra de O´Keeffe- dota a este cuadro de un sentimiento de soledad. Asimismo, el hecho de que los coches, cuya razón de ser es el movimiento, estén parados por la calidad instantánea de la fotografía, añade al sentimiento de soledad una extraña quietud, como si la escena estuviera suspendida en el tiempo. Las plantas en sus macetas sobre la acera son lo más vital de esta pintura. La indudable fuerza fotorrealista con que está realizada nos sitúa inevitablemente en una escena cuya contundencia hace más patente la soledad y la quietud.

Otra cosa digna de mención en esta obra es que hay tres cielos diferentes. El primero es el cielo real, del que sólo podemos ver una tira vertical muy estrecha entre las aristas de esquina de los edificios, pegada al margen superior del cuadro en su tercio izquierdo. A la derecha de éste, también pegado al margen superior, vemos otros dos fragmentos de cielo, esta vez reflejado en los cristales de las ventanas y recortado por los fragmentos reflejados de los edificios. Por último, el tercer cielo es otro fragmento en tira vertical que podemos ver reflejado en el escaparate de la tienda sobre el letrero. Es muy interesante observar cómo los azules de los tres cielos son completamente distintos, como no podía ser de otra forma.

Para resumir, lo que hay en el presente cuadro es un conjunto de temas que constituyen el repertorio habitual de la obra de Estes: la perspectiva fotográfica, la transparencia, la reflexión especular, la superposición de espacios, la disolución de unos espacios en otros, la ambigüedad en la ubicación de algunos elementos, la definición de los detalles. Todo ello tomado en principio de la realidad, aunque luego haya sido manipulado por el artista para conseguir los efectos que se propone. Quizá lo más interesante y a la vez lo más admirable del trabajo de este artista, tanto en su obra pictórica como en la gráfica, sea la sabia mezcla que consigue entre espacio real y espacio ilusorio.

Se podría decir que la pintura de Estes es la de un autor de vedute, no exactamente en el sentido barroco del término, sino matizado éste por la cultura visual del siglo xx, en la que el fragmento, la simultaneidad y la ambigüedad son elementos característicos.

Los puntos de vista que emplea Estes en sus cuadros son muy variados, en parte gracias a la libertad que en ese sentido le ofrece la cámara fotográfica, en la que puede estudiar la relación del punto de vista con el encuadre, lo que, sin duda, le permite avanzar mucho en la concepción de sus obras.

Por una parte, tenemos los cuadros en los que la fachada del edificio es paralela al plano del cuadro, como en People´s Flowers. Pero, por otra, también tenemos aquellos en los que la fachada del edificio es perpendicular al plano del cuadro, como en La Avenida Michigan con vista del Art Institute, 1984, que pertenece al Art Institute de Chicago (Fig. IV.6.2).

Algo que conviene señalar en la obra de Estes es que en la inmensa mayoría de sus cuadros parece utilizar un punto de vista a la altura del peatón que mira de frente, como parece ser el caso del que estamos examinando ahora. No hay vistas hacia arriba como la de O´Keeffe (cap IV. 1) o hacia abajo como la de Hill (cap III. 1). Este tipo de vistas se lo ofrecen a Estes otras superficies reflectantes, como el capó o el parabrisas de los coches en Broad Street New York City, de 2003, que pertenece a la colección de Bettina Dotta (Fig. IV.6.3), en la que el reflejo convierte al automóvil en puro paisaje urbano con un cielo como si fuera un lago.

En People´s Flowers la altura de los ojos de una persona de pie en la calle quedaría algo por debajo del letrero luminoso; sin embargo, en el infograma realizado (Fig. IV.6.4) descubrimos, no sin cierta sorpresa, que existen dos puntos de fuga a distintas alturas, ambos por debajo de la altura antes aludida y desplazados lateralmente uno del otro. El más alto corresponde a las líneas del pavimento de la acera y el otro a las horizontales de las fachadas en profundidad. El desplazamiento lateral sólo puede tener una explicación geométrica: que estas fachadas no sean en realidad perpendiculares a la frontal de la tienda. En cuanto a la diferencia de altura sólo se puede explicar geométricamente por el hecho de que el plano de la acera estuviera inclinado, descendiendo hacia el observador. Sabemos que nada de esto es cierto, pues la tienda representada en el cuadro estuvo situada en la esquina de la Sexta Avenida con la Calle 27 de Manhattan [3], cuya trama urbana es ortogonal y cuya topografía es totalmente llana. Louis K. Meisel nos da la clave: "Estes introduce huellas direccionales para revelar la forma, a diferencia de la lisura homogénea de la fotografía, y lleva a cabo sustanciales alteraciones a la hora de construir el espacio ficticio. La verdad en un cuadro de Estes es muy distinta de la verdad de la fotografía" [4].

Se podría decir que en el caso de Estes, como en el de otros artistas del fotorrealismo, la fotografía sirve de puente o actúa de intermediario entre el pintor y la realidad. Asimismo, las fotografías que el artista toma hacen las veces del boceto en la pintura tradicional, ya que el artista selecciona el tema de la realidad, digamos a ojo desnudo, y luego con la cámara fotográfica elige el encuadre y la luz de la escena, tras hacer, seguramente, varias tomas. Posiblemente estas tomas las hace con focos distintos, ya que en sus cuadros la profundidad de campo es infinita, es decir, que todos los términos aparecen enfocados en la pintura, y también con objetivos distintos, según lo que quiera abarcar de la escena. El propio artista lo expresa con estas palabras: "No me gusta que ciertas cosas aparezcan desenfocadas y otras enfocadas, ya que ello marca de forma muy específica lo que se supone que uno debería mirar, cosa que intento evitar. Quiero que uno lo mire todo. Todo está en el punto de mira".

Todos los paisajes urbanos de Estes dan la impresión de haber sido pintados después de haber limpiado cuidadosamente el modelo. Como dice Ian Chilvers: "Presenta la ciudad como un espectáculo visual, usualmente con una luz brillante, de forma que incluso la basura parece lustrosa".

En el Museo Thyssen-Bornemisza encontramos dos obras más de Richard Estes, la mencionada Cabinas telefónicas (1967) y otro estupendo cuadro que se titula Nedick´s (1970) (Fig. IV.6.5). Éste tiene un planteamiento muy similar a People´s Flowers, aunque el juego de perspectivas y de reflejos es más sencillo, a excepción de lo que refleja el anuncio de Coca-Cola. El anuncio actúa como un espejo convexo que refleja el paisaje urbano que tiene enfrente y que no vemos directamente. Salvando todo tipo de distancias, el anuncio de bebidas refrescantes juega en este cuadro un papel parecido al que desempeñaba el espejo convexo en El matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck (1434), aunque en éste se ve el reflejo del propio artista, cosa que no sucede en el cuadro de Estes. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el anuncio de Coca-Cola no es exactamente un casquete esférico como el espejo que representa Van Eyck, sino tórico en su borde y más bien plano en la parte central. Sí hay un cuadro de Estes en el que él mismo aparece reflejado dos veces, una en un espejo y otra en un cristal que hace de espejo, a través del cual se ve el espejo anterior, es en Doble autorretrato (1976), que pertenece a la colección del Museum of Modern Art de Nueva York (Fig. IV.6.6). Naturalmente los dos espejos son planos.

En el comentario de Louis K. Meisel a Nedick´s en el catálogo de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza podemos leer: "Lo que más le interesa al artista no es tanto plasmar la ciudad sino manipular sus diversas estructuras y superficies para explorar planteamientos pictóricos específicos" [5]. Esto es común a toda la obra de Estes. Más abajo continúa diciendo: "Porque Estes no imita la realidad sino que, mediante un proceso pictórico fluido y abierto, construye un mundo de vigorosa claridad y riguroso orden". Esto también se puede aplicar a toda la producción de este artista, pero, tras haber visto People´s Flowers, quizá convendría añadir que a Estes también le gusta confundir al espectador en un laberinto de espacios, unos reales y otros reflejados, que se mezclan de forma a veces no tan clara y ordenada.

Unas palabras del artista explican muy bien cómo es su trabajo: "Creo que la idea que la gente tiene de un artista es la de una persona con una gran pasión, un gran entusiasmo y una enorme emoción. Que se sumerge en su magnífica obra y cae exhausto cuando la ha terminado. Realmente no es así en absoluto. Normalmente es un proceso muy calculado, mantenido y lento mediante el cual realizas algo. El efecto puede ser de espontaneidad, pero eso es parte del oficio. Un actor puede hacer una obra en Broadway durante tres años. Cada noche expresa la misma emoción exactamente de la misma forma. Ha desarrollado una técnica para transmitir esos sentimientos de forma que puede a la vez formular ideas. O un músico puede no querer tocar en absoluto una maldita pieza de música, pero tiene un contrato y ha de hacerlo. Creo que la auténtica prueba está en planificar algo y llevarlo a término. No se trata de ser entusiasta todo el tiempo; simplemente que tienes que hacerlo. No se hace con las propias emociones, se hace con la cabeza". Estes suele utilizar una técnica mixta consistente en aplicar capas muy finas de pintura acrílica, y después utiliza el óleo para definir los detalles, lo que es acorde con lo que acabamos de leer.

Quisiera, por último, relacionar la obra de Estes con la Óptica, ciencia en dos de cuyos apartados me parece que su producción artística está inmersa. El primero de ellos es la Dióptrica, que se define como la parte de la óptica que trata de los fenómenos de la refracción de la luz. En realidad la dióptrica forma parte indisociable de la percepción visual, ya que el ojo es una cámara oscura con una lente, formada por la córnea y el cristalino con sus respectivos humores, de manera que los rayos de luz que inciden en la córnea del ojo se refractan en el cristalino antes de entrar a través de la pupila. Es lo que permite que rayos de luz cuya dirección en el aire no les conduciría al orificio de la pupila puedan atravesarlo. Este es exactamente el mismo fenómeno que sucede en la cámara fotográfica.

La otra parte de la Óptica a la que me refería es la Catóptrica, que se define como la parte de la óptica que trata de las propiedades de la luz refleja. La catóptrica, a su vez, es parte intrínseca de la percepción visual, siempre que exista una superficie reflectante, como un espejo, de manera que podamos ver las imágenes reflejadas en su superficie [6].

Estos dos fenómenos ópticos son ingredientes esenciales de este cuadro de Richard Estes y de toda su obra en general. Es esencial la dióptrica porque Estes trabaja siempre a partir de fotografías que él mismo toma del motivo elegido, y asimismo lo es la catóptrica porque raramente encontraremos un cuadro de este pintor en el que no aparezcan imágenes reflejadas en alguna superficie; antes bien, más habitual es que aparezcan varias de este tipo, como en el caso de los tres cuadros de Estes que posee el Museo Thyssen-Bornemisza. Precisamente, el juego entre la imagen real y la imagen reflejada es una de las características más señaladas de la obra pictórica de este artista.

[1] Mi amigo y colaborador Luis Fernando Martín de los Santos me hizo ver este interesante detalle del cuadro antes de que yo me percatara de ello.

[2] Álvarez Lopera 1992, p. 470.

[3] Levin, 1987, p. 374.

[4] V.V.A.A. (ed.), 2004, II, p. 452.

[5] V.V.A.A. (ed.) 2004, II, p. 450.

[6] Para una ampliación de estos temas véase el capítulo 9 de Navarro de Zuvillaga 1996, así como el capítulo 3 y el apéndice 2 de Navarro de Zuvillaga 2000.

 


Bibliografía

Álvarez Lopera, José: Maestros Modernos del Museo Thyssen-Bornemisza. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, 1992.

V.V.A.A. (ed.): Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2004.

Levin, Gail: The Thyssen-Bornemisza Collection. Twentieth-century American Painting. Londres, Philip Wilson, 1987.

Navarro de Zuvillaga, Javier: Imágenes de la perspectiva. Madrid, Ediciones Siruela, 1996.

Navarro de Zuvillaga, Javier: Mirando a través. La perspectiva en las artes. Barcelona, Serbal, 2000.

Richard Estes. Catálogo de la Exposición. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 19 de junio-16 de septiembre 2007.

Richard Estes: obra reciente. Madrid, Galería Marlborugh, 13 de enero-14 de febrero 1998.

 

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