Capítulo 3. Técnicas del azar

Autores: Ángel Llorente y Beatriz Fernández

Tradicionalmente el oficio artístico exigía el control del proceso de realización de la obra. En el siglo pasado, por la acción de algunas vanguardias, sobre todo del Surrealismo, se desechó -en mayor o menor medida- ese control para incorporar los resultados del azar. Algunos artistas buscaron la inspiración en la imprevisión total a través de nuevos procedimientos técnicos, mientras que otros nunca dejaron totalmente de controlar el proceso creativo. Pero en ambos casos el proceso recibió tanta o más importancia que la obra acabada. El resultado del azar se ha utilizado más en dibujo y pintura, por la mayor facilidad de ejecución, que en la escultura. Surgieron así varias técnicas, de las que las principales fueron el «cadáver exquisito», el frottage, el grattage, la decalcomania y el dripping. Aunque generalmente se ha preferido contar con el azar para los aspectos formales y la materia de las obras, también se ha contado para los temas, a partir de la asociación de imágenes inconexas en el orden racional, surgidas por «casualidad» durante la ejecución de la obra. La presencia del azar no ha sido una característica exclusiva de las artes plásticas, pues también ha estado presente en la música, la literatura y en ciertos géneros teatrales.

Max Ernst, Árbol solitario y árboles conyugales, 1940, óleo sobre lienzo, 81,5 x 100,5 cm.

Max Ersnt nació en 1891 en Alemania. Cuando en la Universidad de Bonn estudiaba Historia del arte y Filosofía, se interesó por la psicología y la psiquiatría, decidiéndose finalmente por la pintura. Ernst fue uno de los fundadores del núcleo dadá de Colonia y el primer artista en unirse al grupo de escritores surrealistas, encabezado por el francés André Breton. Como les sucedió a otros artistas e intelectuales europeos de su generación, Ernst padeció las consecuencias de las dos grandes guerras del siglo XX y se exilió en los Estados Unidos, de donde regresó a comienzos de la década de los años cincuenta. Fue un artista polifacético; inventó técnicas artísticas y aprovechó las creadas por otros artistas para adaptarlas a su imaginación desbordante. En su larga vida -murió a los 85 años- dedicada a la creación, hizo obras muy diversas: collages, fotocollages, frottages, grattages, decalcomanías y assemblages. La utilización de esas técnicas y de otras, como la oscilación, no se debió a un capricho de Ernst, ni fue una excentricidad de artista, sino resultado de la necesidad de encontrar nuevas formas de expresión para nuevos contenidos, vinculados con la componente irracional de la persona, y una valoración de las obras artísticas diferente a la tradicional, en la que el proceso de creación contaba tanto como el resultado final.

Árbol solitario y árboles conyugales fue pintado por Ernst al final del año 1940, en unos momentos muy duros de su vida, ya que era uno de los encerrados por los alemanes en un campo de concentración en Francia. Está hecho partiendo de una decalcomanía. El artista extendió óleo muy diluido sobre algunas partes del lienzo, tras lo cual cubrió lo pintado con una superficie que apretó a la inferior, para levantarla a continuación, de modo que en el lienzo surgieron formas que Ernts modificó, ya de un modo tradicional, con pinceles finos, transformándolas en imágenes extrañas y alucinantes. El resultado fue un paisaje metamórfico, que es a la vez mineral, vegetal y animal. Un espacio inquietante, al que la luna en el azul del cielo y el árbol-totem del centro le dan un carácter humano, pero de una humanidad que no es la de la civilización occidental a la que perteneció su autor.

ACTIVIDADES

Hacer una decalcomanía

Con este ejercicio tan sencillo aprenderás, en la práctica, una de las técnicas empleadas por los artistas surrealistas, además de crear una atractiva obra personal.

La decalcomanía fue una «técnica del azar» inventada por el artista Óscar Domínguez en 1936. En el Diccionario abreviado del Surrealismo, publicado dos años después, se explicó el proceso técnico de este modo: «Extiendan con un pincel grueso gouache de color negro, más o menos diluido por zonas, sobre una hoja de papel blanco satinada que recubrirán enseguida con una hoja similar sobre la que ejercerán una presión moderada. Levanten sin prisa esta segunda hoja» (Andre Breton y Paul Eluard, Diccionario abreviado del Surrealismo, Madrid, Siruela, 2003).

Aunque para hacer tu decalcomanía bastaría con seguir las instrucciones que acabas de leer, es conveniente que tengas en cuenta algunas recomendaciones. Coloca el papel blanco sobre un cartón o varias hojas de un periódico abierto para evitar que se manche la mesa sobre la que trabajas. Rebaja el gouache, que puede ser del color que prefieras, con agua y extiéndelo desigualmente sobre la hoja blanca. Cubre el papel con otro, presiona con fuerza sobre el superior y retíralo con cuidado. Si el resultado te gusta deja secar la decalcomanía sobre un lugar limpio, pero también puedes partir de las formas que han aparecido para dibujar otras, figurativas o abstractas, con un pincel fino untando la pintura directamente del tubo. Haz varias pruebas hasta conseguir una obra de tu agrado.

Jackson Pollock, Marrón y plata I, c. 1951, Esmalte y pintura plateada sobre lienzo. 145x101 cm.

El cuadro se ha pintado derramando los colores sobre el lienzo colocado en el suelo; sorprende, sin embargo, la seguridad de sus trazos oscuros, de un marrón casi negro. Pollock dibuja con ellos líneas curvas y rectas, muy gruesas y más delgadas, puntos salpicados y grandes manchas. Sobre el tono oscuro y mate de las manchas marrones, salpica después la pintura plateada. Los trazos plateados no son tan largos y enérgicos como los negros, no crean grandes áreas de color, sino un salpicado nerviosos y desigual que da movimiento al color oscuro derramado primero.

La maestría de Pollock se nota en la variedad de su cuadro, en la intensidad de contraste que consigue utilizando sólo tres colores: el fondo claro del lienzo, que actúa como reserva en la mayor parte de la composición, el marrón oscuro derramado y el plata salpicado. Del torbellino de manchas que forman el cuadro surge la impresión de un dibujo, y se deja adivinar un rostro, cuyos ojos, resaltados por círculos negros, estarían en la parte superior.

Jackson Pollock (Cody, 1912-The Springs, 1956) pasó su infancia en pequeñas granjas de Arizona y California, y a los dieciocho años se fue de casa para reunirse con dos de sus hermanos mayores en Nueva York. Estudió pintura en esta ciudad y conoció los grandes murales que hicieron en ella por estos años los artistas mexicanos Rivera, Siqueiros y Orozco. Se interesó entonces por la pintura mural y participó en un taller sobre técnicas artísticas modernas con Siqueiros. También en Nueva York le interesó mucho la exposición del Guernica de Picasso, y otra sobre pinturas hechas sobre el suelo con arena de distintos colores por los indios navajo. Tuvo serios problemas con el alcoholismo y se mató en un accidente de coche a los cuarenta y cuatro años. Pollock escribió para una revista en la que le pidieron que explicara su forma de pintar: «Mi pintura no es de caballete. Necesito la resistencia de una superficie dura. Trabajo más a gusto en el suelo. Me siento más cerca, más parte de la propia obra, pues de ese modo puedo andar a su alrededor, trabajar por los cuatro lados y, estar en el cuadro. Es algo  parecido a las pinturas que los indios del Oeste hacen en la arena. Sigo sin utilizar las herramientas típicas del pintor, como el caballete, la paleta, los pinceles, etcétera; prefiero palos, llanas, cuchillos y pintura goteante, o una espesa mezcla de arena y vidrios rotos con el añadido de otras materias raras».

Marrón y plata I fue trabajado de esta manera, formaba parte de un lienzo mayor que Pollock pintó en el suelo y recortó en dos mitades cuando lo consideró acabado. El lienzo sin imprimar sirve de fondo al esmalte negro vertido sobre la tela en grandes manchas, sacándolo directamente del bote y dejándolo caer desde alguna herramienta más ancha y rígida que el pincel (dripping). El esmalte es una pintura industrial, que resulta muy flexible, puede fluir de la lata libremente y seca con rapidez. Era una pintura fabricada para la industria del automóvil y del mueble, que había comenzado a ser experimentada para el arte por Picasso y Siqueiros. Estas primeras experiencias acabarían conduciendo a la fabricación de pinturas artísticas que tuvieran como aglutinante resinas sintéticas. Así se llegó a la fabricación de los colores poliméricos o acrílicos, que primero se comercializaron en Estados Unidos y que llegaron a Europa en los años sesenta. Estos colores han sido una verdadera revolución técnica por su facilidad de manejo y su resistencia al deterioro del tiempo.

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